Es lo que dice Anita cada vez que Marcela hace una travesura “mira lo que hizo tu hija“. Su parte de la hija es la que es linda, preciosa, encantadora, inquieta, lista, etc. La mía es la que hace travesuras. “Tu hija”, esa frase – la idea que se aplica – la he escuchado miles de veces en la boca de las madres para regañar a los padres por las travesuras que hace la hija.
¡¡¡Santas palabras!!!
uá uá cum!!! uá uá cum!!!
Táaaaa!!! mámamáma.
¿Si, mi amor? ¿cuéntame qué pasó? ¿Dónde está tu guau guau? (Es una colección de dinosaurios chiquitos que venden en Casas&Ideas)
Guauu gua gua guaguaaa. Mmmmmmma n to aaaaáaaaaaa (Y se va corriendo a buscar sus guaguáus….
Vengache pacá, mi amorchito, vamos a jugar con tu gua guáu
Papapapa!!!! tatatí Tátátáta… ua ua cúm… uá, uá
Si mi amorchito, lo que quieras… (me carga y me lleva de la mano a donde están sus otros juguetes)
Apapapa mamamama guagua titi aáaaaa

Estas son las primeras conversaciones con Marcela. Todavía no entiendo nada. Sólo gua guáu, que es el perro.
También sabe decir “zapato” “papapato”.
Mamamama (así le dice a la abuela, todavía no sabe contar las sílabas)
Papapapa (así le dice al abuel, que no quiere que le digan abuelo)
Papa (comida) lo dice clarito y come que soy la envidia de muchos padres
Qué difícil es hacer dormir a Marcela. Cuando era una bebita, chiqutitita como un durazno, la habíamos ido acostumbrando a que de noche se duerme. Cuando empezó con sus pinitos en el arte de andar, la cansábamos a más no poder, y llegando las 8 de la noche se dormía hasta la mañana siguiente. A veces se despertaba de noche, pero todo era manejable.
Ahora que está caminando, que anda como loquita corriendo feliz de un lado para otro, es cuando no quiere dormir. Como ya conté antes, su abuela es quien la cuida mientras ambos trabajamos, y Marcela la sobrepasa en velocidad, en fuerzas, en libertad. Marcela anda casi libre por la casa – las sillas están volteadas, la mesa de centro de la sala no tiene vidrio para evitar que se pare encima y tiene acceso limitado a los cuartos – y cuando se cansa, se echa su siesta. A veces es a las 2 de la tarde – hora ideal, porque duerme una hora y de ahí se levanta a jugar y golpe de 10 de la noche está que se duerme -, pero la mayoría de las veces la siestecita le viene como a las 5 o 6 de la tarde, lo que sí es un problema, porque se despierta a las 7 y media u 8 y luego a las diez no hay quien la duerma.
Dan las 11 o 12 y sigue queriendo jugar. Imparable, veloz, alegre, con esa sonrisa enorme y esos ojotes tan grandes, con la cara de travesura que no le quita nadie. Y con los padres cansados y con el ceño fruncido porque no conseguimos hacerla dormir.
Será la etapa más pesada, porque hay que motivarla a todo lo que tenga que ver con ejercicios, con aprender, con ser lo que quiera ser. Cansados, pero felices. Todos…
¡¡¡Un día del padre genial!!!!

Este es el regalo perfecto. Cuando Anita me dijo que Marcela también había puesto sus manos, me demoré un rato en adivinar, y casi casi le acierto, pero al ver el regalo, qué paja!!!!! No me hubiera imaginado nada mejor. Resulta que están las manos de Marcela, pero también unas lagrimitas, porque no aguantó embarrarse las manos con pintura para tela, así que se puso a llorar, y ayer que me vio el polo se frotaba las manos y no dejaba que me acercarra
Y el día del padre empieza desayunando en casa, con los que se levantaron temprano (Anita y Marcela). El almuerzo fue de los más paja: vamos a casa de mis suegros y Marcela le entrega a mi suegro el nuevo disco de Salsa Criolla (buenísimo, grande el Tito Manrique con su grupazo) y mis suegros y mi cuñada me regalan un acholado de Viñas de Oro (¡¡¡todo un lujo!!!).
Entonces que a mi suegro se le ocurre poner el disco para estrenarlo y a mi se me ocurre abrir el pisco par estrenarlo. Al termino de una hora ya habíamos escuchado el disco y tomadome media bolleta de pisco.
La coronación fue el almuerzo en sí,l el plato que vino: ESCABECHE de PESCADO. Que perfecto, qué momento más delicioso sentarnos a comer justo escabeche de pescado, con un vinito para acompañar y el pisco para que ayude a hacer la digestión.
Qué genial día del padre.
“Los niños son de plástico hasta cierta altura”, dice Memo, gran pianista y viejo amigo. Marcela se cayó desde su sillita de comer el jueves. La caída fue fuerte, hubo sangre, Marcela tenía la boca rota e hinchada. A estas alturas, sigo asustado no por el golpe anterior, sino por los golpes que se vienen.
Pero para no ocupar espacio, cada vez que se golpee, voy a poner un post chiquitito, probablemente sólo el título y nada más, en una nueva categoría: “golpes”. A ver si llego a miles o me quedo en cientos. Ojalá sean cientos, pero es tan traviesa que ya para qué les cuento
ACTUALIZADO AL 18 DE JUNIO DEL 2011
Se golpeó la cabeza con el borde de madera del sillón por andar correteando con su primito Rodrigo. Pisó un trozo de papel que ella misma había dejado en el piso segundos antes y resbaló.
Aprendió a cerrar la mampara y abrirla si es que le dejan un resquicio donde poner los dedos. La quiso cerrar, exageró su fuerza, y ahí se chancó la mano. No fueron por suerte sus dedos, sino la mano completa que aguanta un poco más
ACTUALIZADO AL 19 DE JUNIO DEL 2011
Ha descubierto la hermosa sensación de dar vueltas sobre si misma. El problema es que cierra los ojos y ninguna persona puede mantener el equilibrio así). Dio vuelta y vuelta, hasta que se cayó. Se raspó la barbilla. Un poco de llanto y una herida que cicatrizó rápido, que le va durando cinco días.
ACTUALIZADO AL 26 DE JUNIO DEL 2011
La dejamos en su cuna para intentar dormir un par de horas por la tarde. Se despertó a la media hora, lista para jugar y nosotros que nos hacíamos los que no sabíamos del tema, a ver si se calma y se queda jugando en su cuna. Nos ve, quiere pararse apoyándose en una de las tablas (no se cómo se llama esa tabla que sirve de pared a la cuna) y se resbala. Se fue de cara contra la madera. Resultado: un pómulo marcado (por suerte una marca chiquita que al día siguiente ya no estaba)
ACTUALIZADO AL 26 DE JUNIO DEL 2011
Se puso a correr como loca, calculó mla y se fue de barbilla. Eso le pasa por correr como loca con la pelota en la mano. Se hizo un bultito en la quijada, pero nuevamente mucho llanto y no hubo herida grave ni marca alguna
ACTUALIZADO AL 26 DE JUNIO DEL 2011
Marcela esta acostándose tarde, se duerme cerca de las 12. Anita está muy cansada cuando regresa a casa, juega con Marcela un rato. Como Marcela no se durmió, la dejó en su cuna (¡¡¡Marcela quería seguir jugando después de las 11 de la noche!!!). Marcela calculó mal en una de sus andadas y se fue de boca (literalmente). Y se mordió el labio. Sangre en abundancia, pero por suerte una herida chiquita, de esas que se desaparecen en dos días.
ACTUALIZADO AL 2 DE JULIO DEL 2011
Estamos jugando en los columpios de donde vivo. Todo va bien, Llega una niñita de unos 3 años y se pone a jugar con Marcela. La niña corre y trepa por la resbaldera, cuando pasa por donde Marcela, ledice algo, la llama o la abraza y se va corriendo. Segundos después desaparece. Esta niña ya sabe subir al tobogán (esos circulares, que se han puesto de moda en los lugares de comida rápida. Marcela se emociona y quiere subirse al tobogán, aunque sea un poquito, como para sentarse y esperar que pase su nueva amiga. Calcaula mal, se resbala, y se da de cara contra el tobogán (por suerte es de algún tipo de acrílico). Resultado: un pómulo hinchado, que empezó a bajar minutos después. Cuando llegó Anita, ni cuenta se dio. Marcela lloró bastante. Más de lo que pensaba, pero cuando vinieron sus primos a jugar, Marcela se olvidó del asunto y siguió jugando.
ACTUALIZADO AL 2 DE JULIO DEL 2011
Estoy sentado en el piso. Son casi las 10 de la noche y Marcela está con la energía al tope. Decide sentarse delante mío como para jugar y de repente se empieza a ir para atrás, como si alguien le estuviera empujando los pies hacia arriba. Es una caída casi en cámara lenta, pero para una bebe que todavía no sabe voltear, o frenar, o levantar la cabeza para evitar el golpe. Se cae lento, mientras Anita, la ve irse hacia atrás. El golpe es inevitable. Y el piso del departamento ayuda a crear un ruido fuerte, como si el golpe hubiera sido muy grave. Anita se demora un ratito en reaccionar, y yo me hago el que no sabe qué pasó. Marcela mira preocupada a Anita, a su abuela, a mis hermanas, a mí, todos se hacen los desentendidos. Anita es la primera que me pide que auxilie a Marcela, pero como nadie ha reaccionado, Marcela no llora. Mira, aguantando las lágrimitas. Un minuto después, la ayudo, le mojo la cabecita para aliviar el dolor y le hablo como siempre cuando se golpea, pero ya no llora. Primera vez que pierde su oportunidad de llorar.
ACTUALIZADO AL 3 DE JULIO DEL 2011
Voy a entrar al baño, cierro la puerta. Marcela quiere abrir la puerta. Voy cerrando despacito para evitar chancarle los dedos. Le digo “Marcela, anda con tú mamá” pero ella nada, sigue queriendo empujar la puerta. La veo sacar las manos de la puerta, así que voy a aprovechar para cerrar (despacio, siempre atento a lo que Marcela hará). Falta medio centímetro para cerrar la puerta y Marcela mete su dedito. Se chanca el dedo. A llorar donde mamá. Nada grave, ni siquiera con fuerza, sólo que es la primera vez que se chanca el dedo.
ACTUALIZADO AL 11 DE JULIO DEL 2011
Como sucede bastante seguido, Marcela noquería dormir. Anita, cansada, la deja dar vueltas por la casa un rato hasta que se duerma. Marcela da vueltas, y de repente empieza a girar sobre sí misma. Gira y gira, hasta que mareada, se cae. La frente contra el piso. Por suerte el llanto es mucho más fuerte que el golpe y luego del llanto, se acurruca con Anita y se duerme.
ACTUALIZADO AL 27 DE JULIO DEL 2011
Estoy con el brazo apoyado en el sillón con el codo hacia afuera. Marcela, hecha un pericotito, va y viene por todos lados. Se quiere trepar encima de Anita, luego baja, se da vuelta a toda velocidad y juas!!! se da de cara contra mi codo. Nada grave, pero la sensación que yo tuve fue espantosa, me arrugué por completo pensando en que se lastimó conmigo.
ACTUALIZADO AL 9 DE AGOSTO DEL 2011
Marcela ya tiene una sillita suya, exclusivamente suya (aunque quisiéramos, ninguno entraría en ella), pero le queda ligeramente más alta de lo que debiera. Entonces, para sentarse tiene su procedimiento: apoya las manos en en los brazos de la sillita, se trepa, y arriba se da vuelta y se sienta. A los 10 segundos se baja, se da vuelta, y repite la operación N veces. Yo estaba en la oficina y Anita me manda un mensaje para contarme que Marcela calculó mal, se le resbalaron las manos y se fue de boca contra el respaldar de la silla. Mucha grande, lógico, porque los lambios y la boca sangran bastante. Se le formó un bultito que la estuvo fastidiando bastante. Nada grave, por suerte, pero un golpe más al registro.
ACTUALIZADO A LA PRIMERA QUINCENA DE SETIEMBREDEL 2011
Marcela se da de golpes por descuidada. anda corriendo por aquí y por allá y de repente se distrae, mira algo que le llama la atención mientras sigue caminando y ¡zas! se da de lleno contra algo. O está jugando con sus primitos y cuando todos se meten debajo de la mesa, que es algo así como el barril del chavo para todos los niños, se levanta de golpe y se de en la cabeza. También se ha caído de la cama, y en lugar de llegar al piso, su quijada fue a dar con la tabla de planchar. Un par de veces se ha mordido la lengua y la sangre siempre escandaliza. Ahí vamos, es más inquieta de lo que uno se imagina, pero yo creo que es normal que se mueva tanto. Más se mueve, más feliz.
ACTUALIZADO A LA PRIMERA SEMANA DE OCTUBRE DEL 2011
Los golpes son cada vez menores, pero – como dice mi madre – el golpe se va y la maña queda -. Se golpea poco, pero cuando se cae, espera unos segunditos a ver si escucha la voz tierna y triste que la apapacha y abriga para calmar el dolor. A veces no hay esa voz, sino una voz tierna y calmada que le dice “levantate, no pasó nada”, y ella se levanta sin un sólo llantito, sin una sola lágrima. Anita es la que se demora un poco a tratar las caídas con un poco más de cabeza fría, y para Anita, yo soy demasiado frío a veces con los accidentes de Marcela. Marcela todavía tiene, de hace un par de semanas, una marca en la barbilla que se hizo ella sola arañándose. Lo importante es que sus caídas son cada vez menos y menos fuertes.
Tengo una tía que – cuando yo era niño – decía “tiene cara de que siempre está tramando algo”. Mi mamá se reía y le daba la razón, sobre todo porque siempre andaba tramando algo.
Ahora viene Marcela, y con esos ojotes, tiene cara de que está tramando algo, Tiene la mirada de su mamá, tiene esa alegría, esa mirada simple de que las cosas andan bien. Tiene cara de andar de un bacilón tremendo, y es así.
Qué preciosa, por Dios, necesito babero, sábana, carpa de circo…
La foto es de cuando era más chiquita, pero igual, esa mirada no la ha cambiado, Ojalá no la cambie nunca
Está aprendiendo a saltar. Es loquísimo verla, no hay mejores momentos que estos. Ya empieza a saltar
Esa es la frase de Anita hoy, porque sospecha que no soy capaz de reconocer si la chicha morada ya está malográndose o no. Sucede, simplemente, que tengo un rango de asimilación bastante más alto que el común de las personas. Eso me ayudará a sobrevivir en caso de crisis nuclear o ataque zombie.
Marcela ya camina, y como siempre anda hacia adelante, ahora quiere correr.
Felices de que corra, pero siempre atentos a las caídas. Cuando empezó a caminar se caía, los sustos eran “manejables” por decirlo así, porque caminaba poco, se tropezaba y poco a poco aprendía a poner las manos en la caída para no golpearse la cara. La relación caminar/caerse/susto era relativamente pareja: cada vez que caminaba, se caía, y nos pegábamos un pequeño susto. Ahora, meses después de sus primeros pasos, el equilibrio se ha roto: nos pegamos el susto, porque correo de un lado a otro sin parar y hay que estar atentos a cuando se cae.
Este sábado ha sido un día particularmente premiado: era cumpleaños de mi mamá y estábamos en correrías para el almuerzo. Regresaba yo con las ollas de barro para el respectivo almuerzo criollo cuando veo que Marcela tiene el labio hinchado. Se había resbalado jugando en el sillón y se había ido hasta el piso: labio roto, sangre y preocupación.
Cuando ya estaban los “adultos mayores” reunidos y todos gozábamos con la comilona, Marcela se mete debajo de la mesa – quien sabe para qué – y juas!!! el golpe seco de su cara contra una de las patas de fierro de la mesa: un gran llanto y el pómulo hinchado. Andará con el pómulo verde un par de días.
Al caer la tarde, un arañazo en la mejilla. Esta vez ni Anita ni yo pudimos averiguar cómo se lo había hecho (y eso que siempre uno de los dos está atento a lo que hace Marcela) pero era una línea roja muy clara.
Al final del día, Marcela se ha ido a dormir con “heridas de guerra” en el camino del aprendizaje. Los sustos van a ser innumerables. Las caídas de Marcela van a ser cientos, y sólo no s queda hacernos fuertes y aprender al ritmo de Marcela, que hay golpes que tenemos que aguantar entre los tres.
Marcela tiene más de 8 dientes. Desde hace meses que empezaron a salirle, quizá un poco antes de lo que esperábamos.
Es lógico que Marcela pruebe la fuerza de sus dientes con lo que se le cruce: sillas, muebles, la baranda de la cuna, el control remoto del televisor; a veces, y al primer descuido, zapatos o juguetes. Pero nunca debimos dejarla que los pruebe con sus padres.
Anita, que es una de las 3 personas que lee este blog, está esperando que lo diga, así que lo voy a decir: es mi culpa. Yo soy el responsable de que Marcela nos muerda cuando está molesta, cuando no la dejamos hacer un berrinche, porque yo soy el que ponía el dedo en la boca para que muerda y se ría, y lo entienda como un juego. Ahora todos estamos aguantando la fuerza dental de esta preciosura y estamos empezando a corregirla, pero entre corrección y corrección, mordidas van y mordidas duelen.
También soy culpable de otro de sus divertimentos: chocar cabezas. Por momentos, cuando está cargada y de buen humor, le da la manía de darle frrentazos a su cargador de turno. Esto empezó también conmigo, cuando yo apoyaba mi cabeza en su cabeza y ella me devolvía el gesto, y me lo seguía devolviendo, y me lo devolvía otra vez mientras se reía, y así hasta que ya duele.
El cabeza dura soy yo, que no alcancé a darme cuenta de los malos hábitos que estaba inculcando, pero por suerte Anita supo darse cuenta y ahora estamos corrigiendo esos malos hábitos y estamos preparados para cualquier otro mal hábito que se le grabe.


