axel on Octubre 4th, 2011

Marcela se despierta en las noches. A eso de la una o dos de la mañana se despierta llorando y lo único que la calma es que Anita la cargue. Alguna vez funcionó conmigo, pero el 99% de las veces pide a mamá. Nosotros ya nos estábamos desesperando y pensábamos ir al doctor sin saber que podríamos escuchar, pero aparecieron las suegras.

Las suegras – merecen una columna aparte por su sapiencia y todo lo que los demás dicen – coincidieron en el diagnóstico: “Marcela extraña a mamá”. Marcela la extraña mucho, a pesar de que pasa todo el tiempo que puede, y a veces más, con ella.

La suegra de Anita – mi amá, como diríamos – añadió algo más al diagnóstico: Marcela no sabe lo que pasa cuando mamá sale a trabajar. Ella todavía no termina de entender lo que sucede afuera, por eso se preocupa y llora cuando ve que alguien se va. No sabe que, al otro lado de la puerta que se cierra, hay un mundo enorme en donde Anita y su papá trabajan, entonces no sabe que siempre vamos a volver.

Esto de despertarse de noche – asegura mi amá – es algo pasajero, algo que poco a poco irá cerrándose en la medida en que Marcela descubra que afuera, aún cuando ella no lo vea, hay un mundo en donde andar y al que sus padres siempre van y vienen, como a ella le tocará alguna vez hacerlo, para regresar a casa, al hogar.

axel on Octubre 3rd, 2011

El jueves fuimos a misa por el mes de una tía muy querida de Anita. Llegué casi al final por el tema de mis horarios de trabajo, pero Anita llegó temprano y lo primero que sucedió fue que Marcela empezó a decir “virgencita, virgencita” señalando todas las estatuas que habían, que es lo que su abuela materna le ha enseñado: esa estatua de una mujer en plan celestial es una “virgencita”, y Marcela aprendió bien y repite.

Pero repetía mucho, empezó la misa y Marcela seguía repitiendo. Luego, cuando Anita consiguió callarla, empezó a distraerse con otras cosas y a hacer ruido. La iglesia de Santa Teresita queda a un paso del Circuito Mágico del Agua, así que Anita le compró un tamborcito con dos pelotitas amarradas mismo “karate kid” y con eso la entretuvo hasta que acabó la misa.

En eso nos parecemos con Marcela. Los dos nos aburrimos en la iglesia (y Anita se va a reír mucho cuando recuerde nuestra primera participación en una misa).

axel on Septiembre 27th, 2011

PADRE

Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como un verdadero dictamen de Dios.
Imperaban normas estrictas de educación: Nadie se sentaba a la mesa antes que el PADRE,
nadie hablaba sin permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes; por algo era el padre.
La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema.

PAPÁ

Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en PAPÁ.
El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza. Además, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre.
A diferencia del padre, el papá era tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle los dientes con una trompada, como hacía el padre en circunstancias parecidas.
Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde.
El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo.
Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa.
Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha.
Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba y, además, se le podía pedir un consejo o también dinero prestado.

PAPI

Y entonces vino PAPI.
Papi es un invento reciente de los últimos 20 ó 30 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica. Papi, me llevo el coche, dame para gasolina.
Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta.
Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: ¡Papi, no me vuelvas a llamar “chiquita” delante de Jonathan!

No sé qué seguirá después de papi. Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo.

Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de mis hijos, mis nietas empezaran a llamarme

“PA”……….!!!

CREO QUE QUIEREN DECIR ¡¡¡ “PA” PARA QUE DIABLOS SIRVES !!!!

PA ………PICARTE,,,,

axel on Septiembre 14th, 2011

Desde el sábado, Marcela andaba medio fastidiada, y se notaba más cuando dormía, se despertaba en la noche, lloraba, la cargábamos y se volvía a dormir.

De lunes para martes Anita me llamó cerca de la 1 media de la mañana (cuando ella debería estar durmiendo, igual que Marcela, y yo trabajando). Ya no soportaba el que Marcela no pueda dormir. Había que llevarla al doctor a ver qué había que no dejaba que Marcela durmiera. En la mañana, terminando el trabajo, yo la llevaría.

Pase cerca de las 9 a recogerla y me la llevé con mi suegra a la clínica San Gabriel (donde estuvimos afiliados por más de un año). Para suerte nuestra, no había nadie en espera y pudimos entrar a ver al doctor. Jesús Alore, para más datos. Nos recibió con una frase que siempre anima: “está grandota ¿hace cuanto que no vienen?”.

Conversamos mientras revisa a Marcela (que apenas ve que se le acerca el doctor, se agarra de mi casaca y no se suelta con nada) y nos dice que tiene el pecho muy congestionado, que por eso no duerme: se echa y al rato la flema no la deja respirar bien y se sienta. Solución: nebulizarla en la clínica y luego jarabes para terminar de despejar las vías respiratorias.

Yo pensé que nunca volvería a pasar por ese tema, pero parece que esta no será la última (ojalá sea la penúltima). La diferencia enorme es que cuando la nebulizamos era una bebita chiquita y no se movía mucho, incluso se quedó dormida. Ahora todo fue más difícil, porque se empezó a mover, no soportaba la mascarilla y tuve que ponerme fuerte y evitar que se la saque. Dos nebulizaciones de quince minutos cada una con un intervalo de 15 minutos. Demasiado para mí.

Verla llorar y dejarla llorar y no poder hacer nada que la calme es demasiado fuerte. Mi suegra no aguantó y se dio vuelta para no verla llorar.

Dos nebulizaciones después la llevamos de regreso al doctor y nos recomendó unos jarabes que, sumados a las nebulizaciones – han hecho que Marcela duerma mejor esta noche. Nos quedan tres días de jarabe y una consulta más para que termine de curarse.

No quisiera tener que pasar por esto de nuevo.

axel on Septiembre 14th, 2011

(Este post tenía algunas semanas acumulando polvo en el archivo, así que mejor tarde que nunca, lo publico)

Hace semanas, Llevamos a la bebe a la plaza San Miguel aprovechando que teníamos que hacer unos pagos. En el camino siempre tenemos la opción de pasar por Coney Park. Siempre divertido para Marcela ver las luces, la gente que pasa por aquí y por allá, el ruido (porque a ese volumen y con esos parlantes la música suena horrible y le quita encanto al lugar) y las luces de los juegos.

Anita ya había ido al Coney Park con Marcela y se había subido con ella al carrusel, a los caballitos (obviamente para cuidar a Marcela, que a duras penas puede estar sentada un rato, imagínense si se cae de tan alto), así que ya sabíamos que había la posibilidad de subir a Marcela a los caballitos o algún juego parecido. La sorpresa fue cuando – después de comprar el ticket – llegamos a la cola y la chica que atendía midió a Marcela y dijo “mide 81 centímetros, si usted quiere entrar con ella tiene que pagar su boleto”. ¿Qué? Primero, intentamos la negociación con la chica: “Mi bebe apenas camina, ¿cómo la voy a dejar sola en el carrusel? Pero la chica inflexible: “son las reglas”, decía. Ese era su argumento. Nosotros intentando negociar, convencerla de que, más allá del centímetro de diferencia (además mal medido, porque le quitamos los zapatos y no hay problema), el tema era de qué punto de partida se puede llegar a la conclusión de que un niño o niña de 80 centímetros puede sentarse solo en un carrusel. Las opciones eran:

- Los niños en este país son enanos, así que con 80 centímetros ya podrían estar en secundaria y pueden subir solos al carrusel.

- El dueño es bajito, sus hijos heredaron la estatura del padre y son capaces de subir solos.

- El juego es japonés o chino o de por allá, y como por allá son más chiquitos que acá, dejaron el cartel con centímetros puesto creyendo que ese cartel tiene un estudio científico detrás que lo apoye.

- El administrador no tiene criterio para poner carteles y encima no le dan espacio a los trabajadores para que razonen.

Yo me inclino, generosamente, por lo último. Es lamentable que un lugar que pudiera ser tan bonito, esté lleno de esos detalles que arruinan un paseo. No le recomiendo a nadie que se meta en ese centro de diversiones. Con lo que van a gastar ahí podrían ir al parque de las Leyendas o algún otro lado; y en último caso quédense a jugar en casa con una pelota, que los niños (los que miden más de 80 centímetros) también lo agradecerán.

axel on Agosto 31st, 2011

El que no ha ido al Parque de Las Leyendas en estos últimos años tiene que ir, sí o sí. Está bien paja y se puede pasar un día completo sin aburrirse. ¡¡¡No hay pierde!!!

Acabo de terminar dos semanas de vacaciones (que por mala suerte no coincidieron con las vacaciones de Anita en el colegio) y fuimos este domingo para que Marcela – ahora sí – vea a los animales y no se duerma en el intento.

Ni bien entramos, nos fuimos corriendo a la laguna que, en verdad, es enorme (no sé cuantas canchas de fútbol mida, pero es en verdad enorme). De frente al paseo en bote, que trae un plus muy bacán: entras en un túnel que tiene una maqueta muy bien hecha de Machu Picchu. A pesar de que la laguna tiene 1 metro de profundidad, la sensación de andar en medio de tanta agua es bien paja (yo que he viajado mucho, recordé mis viajes a la selva). Vale la pena, pero hay que llegar temprano porque si no hay que hacer cola.

Aquí estamos a punto de pasear por la laguna. Nótese que la laguna es inmensa y los niños usan chaleco salvavidas:

A punto de entrar a la laguna

La cámara que prestaron no ayudó, pero la maqueta es bien paja:

Maqueta de Machu Picchu

El recorrido por la costa, sierra y selva es como uno lo recuerda, pero hay algunos añadidos que lo hacen aún más divertido: el felinario nuevo es un camino entre muros muros muy altos donde – a través de vidrios muy gruesos y altos – puede verse a leones y otorongos en un espacio natural más grande, en donde los gatitos están mucho más cómodos.

Marcela se ha vuelto fanática de los monitos:

Marcela viendo monitos 2

Aquí tambien hay monos, pero se movían demasiado:

Marcela con mama viendo monitos

Primera vez que ve un león:

Marcela viendo un leon

La zona de juegos ya no es “LA” zona de juegos: son “LAS” zonas de juegos. Por todos lados uno encuentra juegos para niños de diferentes edades, y ahí es donde Marcela se divirtió como loca. Como habíamos llegado temprano, la pusimos en una de las tantas camas elásticas llena de pelotas de todos los tamaños y empezó a correr y saltar y jugar como nunca. Por suerte, con poca gente, la encargada nos dio todo el tiempo que quisimos para que Marcela jugara. Anita estuvo con ella dentro de la cama elástica y las dos reían como locas.

Madre e hija en la cama elástica. Genial momento:

Marcela en la cama elastica de pelotas

Marcela en la cama elastica de pelotas 2

Marcela en la cama elastica de pelotas 3

Mamá y Marcela en el tobogán:

Con mama jugano en el tobogan

Papá también sabe usar el tobogán, no crean:

Con papa jugano en el tobogan

Si pudiera, iría todos los días. El mejor lugar para ir en un día libre. Los niños lo van a agradecer y uno se va a sentir bien (no como en otras situaciones). Vayan, para que, cuando nos veamos, podamos hablar del tema…

axel on Agosto 26th, 2011

Año y medio y ya se trepa sola a su sillita de comer. ¡¡¡todo va demasiado rápido!!! Sobre todo porque acabamos de pasar la etapa en la que había que corretearla por toda la casa cuando empezaba a caminar y ahora nos enfrentamos a esto.

Se sube como si nada, el problema es que no sabe bajarse, así que hay que andar atentos, teniendo cerca la silla o desarmarla (que una es la sillita y la otra parte es la base, que se convierte en una mesa y es un mini escritorio de plástico).

Feliz, porque es fuerte y además inteligentísima (sí, todos los padres dicen lo mismo, e igual que ellos voy a sostenerlo: es la más inteligente del mundo, la más fuerte y la más bonita a su edad).

Una adoración que consigue escalar su primer monte Everest.

axel on Agosto 9th, 2011

Anita nos llevó a “El Arriero”, una granja interactiva en Lurín. Para Marcela ha sido una experiencia alucinante: darle de comer a los conejos, patos, coger pollitos. Intentar darle de comer a las alpacas que había, ver una vaca en tamaño natural. Nosotros dos estábamos resignados: desordenado, comida limitada y platos criollos carísimos que no valían ni en tamaño ni en calidad, pero lo importante es que Marcela tuvo su primera aproximación con la naturaleza.

Nos encontramos con mi hermano, su esposa y sus hijos. Son geniales. Sobre todo mi sobrino mayor, Renzo, jugando con sus hermanitos y con Marcela con toda sinceridad, a pesar de ser bastante mayor. Grande, mi sobrino; y mis otros dos sobrinos, Fernanda y Rodrigo, lo máximo, jugando como locos.

Sólo algunas imágenes de un buen domingo:

Dandole de comer a un conejo

Marcela en El Arriero 01

Una vaca en tamaño real

Marcela en El Arriero 04

Dándole de comer al camélido (no sé si llama o alpaca):

Marcela en El Arriero 05

Esta foto es una de mis favoritas:

Marcela en El Arriero 06

El bicho este siempre le jalaba el alimento y se lo quitaba de las manos:

Marcela en El Arriero 12

Con su primita Fernanda, un amor verlas a las dos juntas:

Marcela en El Arriero 13

Terminando la jornada con su respectiva pierna de pollo:

Marcela en El Arriero 09

Marcela, Renzo y Fernanda. Renzo es un todo corazón (Rodrigo estaría haciendo alguna travesura por ahí):

Marcela en El Arriero 15

Un domingo en el que todos nos divertimos. Un domingo genial.

axel on Agosto 9th, 2011

Anita viene a la sala. Marcela está traveseando con algunos juguetes. Anita se sienta en el brazo del sillón. Sus ojos brillan, con cara de que trae la felicidad del mundo en sus manos. La miro, sonriendo, mientras ella busca las palabras adecuadas:

- Amor, – me dice y me recuesto en el brazo del sillón a disfrutar su buen ánimo – he visto algo de lo que te vas a enamorar…

La miro extrañado. Pienso en todos los momentos de felicidad que tenemos y en los que se vienen y no creo que pueda enamorarme de algo fuera de esa habitación.

- Marcela ya tiene que empezar a hacer en bacín – me dice y yo no consigo relacionar mi posible enamoramiento con las necesidades de Marcela. – He visto un bacín del que te vas a enamorar.

De fruncir el ceño paso a sonreír y de sonreír a reír: “enamorarme de un bacín”.

Anita continúa, emocionada: “Sí, amor. Es un bacín lleno de colores, además, suena una musiquita cuando hace sus necesidades y luego la tapa la puedes poner en el retrete para que aprenda a hacer sus necesidades…”

Casi tiene razón. Casi, porque al final uno se enamora de cada pequeño detalle que tiene que ver con Marcela. Uno se enamora de esas cositas que la van haciendo más grande, más hábil. No del bacín, sino de lo que va quedando atrás

No creo que me enamore de un bacín, pero sí de los momentos que se vienen, porque uno va quemando etapas como padre, y Marcela va acumulando experiencias, y de eso uno si puede enamorarse

axel on Agosto 4th, 2011

En el transcurso de estas semanas vimos como Marcela casi completa todo el recorrido culinario posible en este poco más de un año que tiene. Le falta probar el cebiche. Ahí tenemos peros, sobre todo por la cantidad de limón que va a consumir de golpe, y segundo, porque un cebiche sin ají no es cebiche, así que vamos a esperar un poco más para que lo disfrute como se debe.

Pero estas semanas han sido alucinantes sobre todo porque Marcela ha descubierto más y más platos a los que habitualmente comía: tuvimos la suerte de ir a comer al “Tarwi”, a media cuadra de la Brasil y Marcela probó comida huaracina.

Después anduvimos en Magadalena, en una pizzeria que se llama “Zarella”, creo, y ahora último, por Fiestas Patrias”, tuvo la oportunidad de agasajarse con la clásica parrillada familiar que involucró cordero, chancho, pollo y res.

En la pizzeria:
Acá está la familia en pleno:

Marcela y su primera pizza (2)

Marcela no se comió toda esa pizza, en verdad habrá comido poquito más de la cuarta parte, pero en relación peso tamaño…

Marcela y su primera pizza (3)

En la parrillada familar:

El plato estaba lleno de carne (estaba) que le duró poquito a Marcela:

Marcela y su primera parrillada (2)

Cuando se despertó de su siesta no encontró mejor manera de divertirse que jalándome las greñas:

Marcela y su primera parrillada (15)

Sólo unas imágenes de lo felices que estamos, porque Marcela tiene un apetito muy bueno, algo que esperamos le dure hasta los 40 o 45 años.