axel on Diciembre 12th, 2011

Estaba pensando… (!!!lo felicito, doctor, buen ejercicio!!!) en plata. Como todo el mundo, pienso en plata. Pienso en tenerla, y en tener más, pero manteniendo mi moral al tope, orgulloso, altivo. Y pienso en que no debe existir ninguna pareja en el mundo que no hable de plata. Bueno, si debe haber, claro, pero en el mundo que conozco, el de la gente que sale a trabajar todos los días, no conozco.

Todos hablan de plata, y en eso creo que hay tres categorías: los que hablan de plata, se permiten soñar y por ahí juntan algo; los que discuten por plata, más apasionados y con puntos de vista diferentes sobre qué hacer con la plata (la que hay y la que no hay); y los que pelean por la plata.

Los primeros van bien (vamos bien). Para que todo en este mundo funcione, lo primero que debe haber es comunicación, canales de ida y vuelta en las discusiones, la posibilidad de tomar decisiones juntos. Y en ese punto, hablar mucho, a veces de cualquier cosa, a veces de cosas sin sentido, ayuda a mantener los canales abiertos.

Los segundos, los que discuten por plata, tienen un problema: coloquen a la plata más abajo en la lista de prioridades y luego no discutan por las que están arriba y verán qué fácil se vuelven la mayoría de las cosas.

Los últimos tienen un problema grave. Si la plata es tan importante, tienen un problema personal, más que de pareja.

Ahora que muchos cobran aguinaldo y más, es el momento perfecto para demostrar que la plata no es importante.

axel on Noviembre 22nd, 2011

Una receta para que saboreen:

El encebollado: se corta la cebolla en juliana (un poco más gruesa, pero no sé como se llama). Lo pones en una sartén, que se cocine un poco, pones el ají amarillo cortado en tiras SIN LAS PEPAS NI EL NERVIO (no mucho, sólo para darle un toque, digamos unas 4 lonjitas del grosor de un lápiz) le pones luego el tomate cortado en trozos y lo chancas bien para que suelte su juguito. Aderezas con un poquito de sal y pimienta. Cuando sientas que la cebolla está más blandita, le echas un chorrito de vinagre y revuelves. Reservas (como dicen los chefs).

Un buen bisteck de hígado la pones en un plato hondo. La aderezas con ajos molidos, sal, pimienta, y comino. Le añades un chorrito de vinagre tinto para que macere (aunque sea una media hora). Para freir poner un chorrito de aceite en la sartén y dejar que caliente bastante, casí hasta que se queme la sartén.

Para servir: un buen plato de arroz blanco aderezado con ajos y sal, recién hecho. Encima le montas el bisteck de hígado con todo su jugo y encima le pones el encebollado.

Provecho, papacho

axel on Noviembre 17th, 2011

El domingo Anita amaneció con antojo de cebiche. Una semana cargada, mucho trabajo, muchos estudios, y el sol que empezaba a calentar desde temprano nos invitaron a buscar un cebiche. Yo, inmediatamente, pensaba en un cebiche, un arroz chaufa de mariscos, una chita al ajo, o algo así y a tragar bien, pero Anita me aclaró: “sólo un cebiche para picar, para darnos el gusto, y después regresamos a almorzar”. Nada más.

Fuimos por la Plaza San Miguel – siempre terminamos por ahí, que es lo más cerca donde podemos encontrar buena y variada comida – y entramos a un restauran que se llama “Atlantis” “La Altantis”, “El Atlantis”, o algo así. Lugar tranquilo, con poca gente, así que nos sentamos. Pedimos un plato que eran dos, es decir, en una mitad del plato, el cebiche, y en la otra, arroz chaufa de mariscos.

De pasada una jarra de chicha, y para abrir el apetito, un par de pisco sour. Aquí hay que hacer las recomendaciones: el cebiche estaba rico. No era que uno se fuera a morir por el mejor cebiche jamás probado ni nada parecido. Sólo estaba rico. El arroz chaufa, también. Como que no nos sentimos engañados, como cuando vamos a restoranes que cobrar un huevo de plata y otro de oro y su comida está pal gato. La chicha morada estaba rica, y Marcela, como siempre, se tomo dos vasos normales antes de que llegue la comida.

Cuando llegó el cebiche, a la expectativa de su cara, Anita le da a probar un trocito de pescado. Su expresión es divertidísima, más cuando le quisimos dar a probar de nuevo. En eso si es fuerte Marcela: cuando dice que no quiere comer algo, no hay cómo dárselo:

Nótese el detalle de su polo “Marca Perú”, ¡¡¡Anita se consagra!!! Con el arroz chaufa de pescado nos fue mejor, queda claro.

P.D.: Lo que nunca deben hacer, nunca, si es que tienen medio paladar afinado, es pedir el pisco sour en ese local. Llega tarde, cuando la mesa está servida y tienes que hacerlo a un lado o reemplazar a la chicha para que resbale la comida. Y, encima, y para colmo, ¡¡¡sin helar!!! Nunca en mi vida me sentí tan estafado con un pisco sour. Nunca lo pidan

axel on Noviembre 1st, 2011

Por la tarde del sábado, acompañé a Anita a Jesús María a que se compre un nuevo celular (digamos que hay pisapapeles más útiles que su teléfono). Pero además, como suele suceder, Anita tenía otra cosa entre manos: siempre hay un lugar cerca para que Marcela lo pase a lo grande, y esta vez no fue la excepción.

En el tercer piso del Metro de Jesús María – Dios, qué grande que es ese local – han abierto un espacio para que los niños menores puedan jugar y revolcarse por horas (no crean que es gratis, justamente cobran por hora), pero un niño de la edad de Marcela la puede pasar genial hasta quedarse dormido. Marcela la pasó de lo lindo, y ha demostrado una habilidad enorme para los juegos físicos como encestar o trepar. Para los juegos lógicos también, pero será motivo de otro post.

Aquí un par de momentos que me parecieron geniales:

Encestando, con una elegancia…

Trepando como andinista, con una habilidad envidiable:

Verla jugar, verla del tamaño que tiene (más alta que algunos niños de su edad), me alucina mucho. La talla la saca del papa, el encanto de la mamá.

axel on Octubre 25th, 2011

Olvides un aniversario. Es lo peor que un casado puede hacer

axel on Octubre 25th, 2011

¡¡¡Y hace unos berrinches espantosos!!!

Con el tiempo, Marcela ha descubierto que cuando llamo por teléfono es porque – por algún motivo – no voy a poder ir a verla. Mis amigos saben que mis horarios de trabajo son de lo más complicado que hay.

Hoy día me plantaron una reunión a las 9 de la noche así que no me alcanzo el tiempo para verla. Llamé para conversar con Anita y saber cómo estaba la bebe, y ni bien me escuchó, Anita me dice que se tiró al piso y empezó una pataleta que nunca se la había visto, y movía la cabeza negando.

Esas son las cosas que me quiebran. Si por mi fuera, dejaría todo lo urgente por las cosas importantes, pero no se puede. Hay que seguir pa’lante.

Tengo que encontrar la forma de hacer más tiempo para pasar con Marcela. Por suerte, se vienen cambios y siempre un cambio es bueno.

axel on Octubre 18th, 2011

Batalla difícil, tomar decisiones complicadas. ¿Cómo enfrentar al enemigo? Nos lleva ventaja, está siempre presente y listo para, al primer descuido, terminar en la boca de Marcela. Más que chuparse el dedo, se aferra a él. Lo usa como escudo cuando está en un lugar donde hay demasiada gente extraña. o a veces lo usa cuando se distrae viendo televisión. A veces, también, el dedo simplemente aparece en su boca.

Nosotros hemos decidido enfrentarlo, pero nos lleva ventaja. Es imposible para cualquiera vivir viendo un dedo. Quisiera poder estar las 24 horas del día mirando a Marcela, atento a que ese dedo altivo se aproxime a su boca para poder desviarlo del destino, para poder ganarle pequeñas batallas, pequeños encuentros en los que no termine en la boca de Marcela.

Pero ahí va. Al primer descuido, vuelve a la boca. Nosotros hemos decidido enfrentarlo con armas químicas. El tiene la ventaja de la cercanía, la ventaja de tener hipnotizada a Marcela, la ventaja de haber llegado sin que nos diéramos cuenta.

Nuestra arma principal es la paciencia. Y la astucia. Marcela – y su dedo – no saben lo que les espera. Nos hemos preparado varios días, hemos consultado a los oráculos (acá suegras) sobre el origen de estas batallas y los augurios. Podemos ganar esta guerra hilando fino. Nos demoramos varios días y elegimos bien: sávila. Esa es nuestra arma. Tiene un sabor espantoso y no hace daño si se lo come. Hace unos días, definiendo al enemigo, le pusimos sávila en el dedo gordo, justo después de que se durmió. Y conseguimos desnudar a su cómplice: el otro dedo. El amargo de la sávila obligó a salir al enemigo en todo su esplendor.

Ahora ya sabemos contra quienes nos enfrentamos. No es su dedo gordo. Es la sensación de chuparse el dedo. El enemigo es más fuerte. Los oráculos hablaron de viejas leyendas, de historias repetidas en las que a veces el enemigo eran los dedos, a veces una colcha, a veces otras cosas. Esta guerra ha sido declarada. Será frontal, será encarnizada.

Con el tiempo conseguiremos que Marcela deje de chuparse el dedo, porque si sigue haciéndolo, se le deformará la encía y los dientes empezarán a apuntar hacia adelante en lugar de hacia abajo. Esta guerra ya la hemos ganado desde nuestra determinación. Es sólo cuestión de tiempo

axel on Octubre 12th, 2011

“Eres el Phillip Water, mi amor”.

Sólo porque no me emocionaba con los goles de Perú frente a Chile. Y porque le decía que Perú iba a perder si seguía jugando así.

axel on Octubre 7th, 2011

Esto.

axel on Octubre 6th, 2011

Marcela tuvo un sábado de reina: Se levantó a las 7 de la mañana, cuando Anita se iba a estudiar, y, de pasada, me despertaron a mí para desayunar los tres juntos. Como es casi rutina de fin de semana, yo me encargo del desayuno: huevos revueltos para tres; pan tostado, 2 cafés y un tomatodo lleno a la mitad con anís. Cuando hay, queso Marcela es más feliz todavía, porque resultó quesera la niña esta.

Anita se va a estudiar y a eso de las 10 diez de la mañana bajo con Marcela a los juegos. Un par de horas mínimo, entre que se cansa en el tobogán, corretea a otros niños y se trepa por donde pueda. Regresamos a casa y esperando el almuerzo, Marcela se come una porción de flan que había preparado yo el viernes, una mandarina y un plátano. El almuerzo esta vez vino de afuera: pollada. Marcela comió su buena porción de pollo y papa sancochada. Quince minutos después, cansada y con la barriga llena, a dormir hasta las tres de la tarde.

Anita regresó y nos fuimos al cumpleaños de Bianca, su primita, que cumplía dos añitos. Llegamos a la mitad del show, pero ni bien llegamos Anita suelta a Marcela para ver cómo se porta: dedo a la boca, mirar extrañada, y dar un paso adelante. A meterse entre los niños. Hasta las 8 y media que estuvimos en la casa, Marcela se divirtió a más no poder. El juego consagratorio fue el trencito (el de la foto de abajo, que me parece genial, con Marcela tan chiqutitita junto a la cumpleañera). Eso me llevó a mi primera duda: ¿si me llaman para participar en un juego que requiera actividad física? Me siento como German Monster frente a tanto petiso.

Marcela_cumple_Bianca_02

La piñata la peleó Anita. Yo, sentado, cargaba a Marcela. Todo el resto de la noche me acompañaría la incertidumbre: ¿y el día que Anita no pueda ir a una fiesta? ¿cómo haré para coger cosas de la piñata? Peso casi 100 kilos y mido uno ochenta ¿Si en el interin de recibir lo que tiran de la piñata me resbalo? Con mi peso podría matar un niño o dos. O romperles algo ¿cómo hacer para que Marcela no crea que soy un apático? ¿Dejarla a ella para que la maltraten entre empujones y arrastrones?.

Esas dudas me persiguieron casi toda la noche. Salimos, y rumbo a casa nos detuvimos en Villas Chicken a pedir un pollito para llevar. Obvio que Marcela comió, no un cuarto de pollo, pero sí su buena porción de carne y papas.

Un día increíblemente lindo, con fiesta incluida, y mazamorra, y arroz con leche, y gelatina, galletas, caramelos y chocolates (comí más de lo que la sociedad permite antes de juzgarme), y sobre todo Marcela divirtiéndose. Por mi parte, todavía no resuelvo mis temores. Ojalá y no me acompañen a la próxima fiesta de Marcela.