Desde la semana pasada Marcela está yendo al nido los lunes, miércoles y viernes. Un nido que queda cerca a la Municipalidad de Pueblo Libre, con una gran área verde para que puedan jugar los niños. Sólo he podido recogerla una vez, y hasta ahora no he podido llevarla.
Anita es la que hizo todos los preparativos: comprar lonchera, tomatodo, útiles, etc. Escogimos el nido porque la hija de una amiga estudio el año pasado ahí, y como ambas son profesoras de inicial, hay garantía.
La primera vez que Anita la llevó – como a cualquier padre en el planeta – le entró la preocupación de cómo se iba a portar Marcela, de cuanto iba a llorar, de cómo iba a armar el berrinche hasta el final del día en que vuelva a recogerla, pero no sucedió nada de eso: Anita llegó puntual al colegio, y con Marcela de la mano, avanzó unos pasos, Marcela vio los juegos al fondo del nido y se soltó de mamá y se fue corriendo solita, sin voltear atrás. Anita la vio irse, esperando que volteara, pero nada. Derechito a los juegos, así que Anita aprovechó para escaparse.
Cuando regresó a recogerla, lo inevitable: no quería irse, quería quedarse en los juegos. Hizo un mini berrinche por quedarse en los juegos, pero terminó volviendo a casa tranquilita después de un día de harto juego.
este video es de cuando fuimos ambos a recogerla. No se ve bien, pero bota su lonchera como acto de protesta porque se le acabó el juego por hoy.
Nada como verla jugar y reír para saber que estamos haciendo las cosas bien…,

