Todo enero hemos hecho vida de familia, con Anita de vacaciones en casa y Marcela yendo al nido. Es – ahora lo siento así – como la calma que precede a la tormenta. Pero no es una tormenta normal, sino una tormenta silenciosa, rastrera, que golpea despacito con la misma violencia, que obliga a pensar y repensar y a volverse más fuerte.

Cuando hay preocupación hay que dejar que salga de a pocos, que nunca gobierne, y descargarla con los amigos, con la gente cerca. La felicidad, en cambio, sí debe ser explosiva. Pero ahora la preocupación viene con fuerza, obliga a ser más fuerte y no dejarse llevar.

Desde inicios de este año, mi oficina cambió de local. Ahora estamos en Villa El Salvador, siempre apostando a crecer. Y eso implica mucho esfuerzo y sacrificios de todos los que hasta aquí hemos venido. Aquí es donde me empiezo a preocupar. Trabajando de noche, podía entrar cerca de las 11 y podía salir tarde (a eso de las 11 o 12 de la mañana) sin ningún problema, podía caminar por donde quisiera y llegar a tiempo para ver a Marcela y Anita aunque sea 3 horas diarias. Ahora, salir de acá a las 10 de la mañana significa que llego a casa a las 12 y media o 1 de la tarde, para despertarme a las 6 de la tarde y salir hacia Villa El Salvador para llegar a las 10:00 PM. Dormir 5 horas y salir disparado y medio dormido

En lo que va de esta semana he visto a Marcela y Anita sólo el domingo. No dormí por la tarde, como habitualmente lo hago, para pasar más tiempo con ellas. Lunes y martes no las he visto. He hablado por teléfono con Anita y Marcela me ha escuchado. Me ha mandado un besito que se me cayó la lágrima. La relación con Anita no me preocupa tanto, Anita sabe ser fuerte, e intentamos hablar mucho por teléfono (para mala suerte, el lunes le arrancharon el celular en el micro), pero me preocupa mucho estar lejos de Marcela ¿cómo reacciona una bebe de dos años cuando su padre desaparece toda una semana y ella ni siquiera sabe de qué se trata? ¿cómo se va a portar cuando su padre sea algo así como “un padre de fin de semana” durante muchos meses?

Nunca quisiera estar lejos, aunque a veces suceda, pero ha empezado una etapa muy difícil. Anita, hoy, que está llevando unos cursos, podrá ir a visitarme por la tarde un rato, pero cuando ella vuelva al trabajo, habrá muy poco tiempo, o la necesidad imperiosa de encontrar huecos en el día y robarle horas al sueño, para ver a Marcela.

No quiero que la bebe me sienta lejos. Confío en que esto no dure tanto.

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