Desde el sábado, Marcela andaba medio fastidiada, y se notaba más cuando dormía, se despertaba en la noche, lloraba, la cargábamos y se volvía a dormir.
De lunes para martes Anita me llamó cerca de la 1 media de la mañana (cuando ella debería estar durmiendo, igual que Marcela, y yo trabajando). Ya no soportaba el que Marcela no pueda dormir. Había que llevarla al doctor a ver qué había que no dejaba que Marcela durmiera. En la mañana, terminando el trabajo, yo la llevaría.
Pase cerca de las 9 a recogerla y me la llevé con mi suegra a la clínica San Gabriel (donde estuvimos afiliados por más de un año). Para suerte nuestra, no había nadie en espera y pudimos entrar a ver al doctor. Jesús Alore, para más datos. Nos recibió con una frase que siempre anima: “está grandota ¿hace cuanto que no vienen?”.
Conversamos mientras revisa a Marcela (que apenas ve que se le acerca el doctor, se agarra de mi casaca y no se suelta con nada) y nos dice que tiene el pecho muy congestionado, que por eso no duerme: se echa y al rato la flema no la deja respirar bien y se sienta. Solución: nebulizarla en la clínica y luego jarabes para terminar de despejar las vías respiratorias.
Yo pensé que nunca volvería a pasar por ese tema, pero parece que esta no será la última (ojalá sea la penúltima). La diferencia enorme es que cuando la nebulizamos era una bebita chiquita y no se movía mucho, incluso se quedó dormida. Ahora todo fue más difícil, porque se empezó a mover, no soportaba la mascarilla y tuve que ponerme fuerte y evitar que se la saque. Dos nebulizaciones de quince minutos cada una con un intervalo de 15 minutos. Demasiado para mí.
Verla llorar y dejarla llorar y no poder hacer nada que la calme es demasiado fuerte. Mi suegra no aguantó y se dio vuelta para no verla llorar.
Dos nebulizaciones después la llevamos de regreso al doctor y nos recomendó unos jarabes que, sumados a las nebulizaciones – han hecho que Marcela duerma mejor esta noche. Nos quedan tres días de jarabe y una consulta más para que termine de curarse.
No quisiera tener que pasar por esto de nuevo.


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Amigo, paciencia, mucha agua tibia y mucha paciencia. Cuando puedas llevarla al campo, hazlo. Besos.