(Este post tenía algunas semanas acumulando polvo en el archivo, así que mejor tarde que nunca, lo publico)

Hace semanas, Llevamos a la bebe a la plaza San Miguel aprovechando que teníamos que hacer unos pagos. En el camino siempre tenemos la opción de pasar por Coney Park. Siempre divertido para Marcela ver las luces, la gente que pasa por aquí y por allá, el ruido (porque a ese volumen y con esos parlantes la música suena horrible y le quita encanto al lugar) y las luces de los juegos.

Anita ya había ido al Coney Park con Marcela y se había subido con ella al carrusel, a los caballitos (obviamente para cuidar a Marcela, que a duras penas puede estar sentada un rato, imagínense si se cae de tan alto), así que ya sabíamos que había la posibilidad de subir a Marcela a los caballitos o algún juego parecido. La sorpresa fue cuando – después de comprar el ticket – llegamos a la cola y la chica que atendía midió a Marcela y dijo “mide 81 centímetros, si usted quiere entrar con ella tiene que pagar su boleto”. ¿Qué? Primero, intentamos la negociación con la chica: “Mi bebe apenas camina, ¿cómo la voy a dejar sola en el carrusel? Pero la chica inflexible: “son las reglas”, decía. Ese era su argumento. Nosotros intentando negociar, convencerla de que, más allá del centímetro de diferencia (además mal medido, porque le quitamos los zapatos y no hay problema), el tema era de qué punto de partida se puede llegar a la conclusión de que un niño o niña de 80 centímetros puede sentarse solo en un carrusel. Las opciones eran:

- Los niños en este país son enanos, así que con 80 centímetros ya podrían estar en secundaria y pueden subir solos al carrusel.

- El dueño es bajito, sus hijos heredaron la estatura del padre y son capaces de subir solos.

- El juego es japonés o chino o de por allá, y como por allá son más chiquitos que acá, dejaron el cartel con centímetros puesto creyendo que ese cartel tiene un estudio científico detrás que lo apoye.

- El administrador no tiene criterio para poner carteles y encima no le dan espacio a los trabajadores para que razonen.

Yo me inclino, generosamente, por lo último. Es lamentable que un lugar que pudiera ser tan bonito, esté lleno de esos detalles que arruinan un paseo. No le recomiendo a nadie que se meta en ese centro de diversiones. Con lo que van a gastar ahí podrían ir al parque de las Leyendas o algún otro lado; y en último caso quédense a jugar en casa con una pelota, que los niños (los que miden más de 80 centímetros) también lo agradecerán.

One Response to “La relación tamaño – edad visto por extraños”

  1. Omar Castillo dice:

    En tu caso lo que hubiera hecho es llamar al administrador o Gerente del local, es uqe hay mucha gente que no tiene el mas minimo criterio para razonar, dimelo a mi que tengo que lidear a diario con esto.
    Esto es parte de la educacion que tiene mucha gente que solo recibe ordenes y las cumple a pies juntillas, trata de no gastar las pocas neuronas que le quedan.
    Ademas que culpa tiene Marcela de ser alta y vivir en un pais de enanos.

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