Ya había escrito que mi bebe estaba mal, con una tos que no se le iba desde el domingo. Por la mañana me llamó mi suegra y me avisa que la tos no se le iba ni con agua. Salí corriendo de la oficina previa llamada a Anita para avisarle, y cuando llegué a casa de mi suegra, la bebe estaba feliz – como siempre, riendo – pero su respiración no era como siempre, se sentía congestionada, con ese silbido característico.
Nos embarcamos a la clínica (en la prisa por llegar rápido no cargamos el habitual maletín de Sport Billy con todo lo que debíamos llevar) y cuando llegamos, en lugar de entrar por emergencia para que nos atienda rápido un extraño, decidimos esperar un rato más y fuimos al consultorio de nuestro pediatra.
Lo primero fue mencionarle lo que nos había dicho – y recomendado – el pediatra que nos atendió de emergencia el domingo. La auscultó, y nos envió de inmediato a nebulizar a Marcela.
Aquí quiero hacer un alto: la gente confunde la idea de que nebulizar es sinónimo de asma, y eso no es cierto. Se nebuliza a una persona cuando tiene las vías respiratorias tapadas. Nada más. Y tampoco creo que sea cierto que por nebulizar a una persona que no tiene asma, termine siendo asmática. Un remedio no crea una enfermedad.
La nebulizamos tres veces en una hora. Pausas largas, para que descanse de la impresión de ese vapor en la nariz. La primera nebulización fue chocante, sobre todo para mi suegra. Los primeros minutos Marcela se portó valeinte, aguantó, y luego empezó a llorar. Y lloraba fuerte, como nunca antes la había oído. Mi suegra se empezó a desesperar al punto que quería sacarle la mascarilla, pero yo me puse más firme y acabamos la primera nebulización. Sudaba mucho, además de las lágrimas, pero ahora su respiración había perdido el silbido.
Esperamos como quince minutos y empezó la segunda nebulización. Esta vez fue menos complicada: lloró un poco, se fastidió, y al final se quedó tranquila hasta que acabó. La tercera nebulización fue más simple todavía. Su pechito no hacía ruido y tosía con algo de flema (todavía no aprende a espectorar, así que imaginen…)
Luego de estas nebulizaciones el doctor la revisó. Ya no tosía, y fue todo un alivio no escuchar su pecho silbar. La receta involucra nebulizarla cada dos horas durante dos días; luego, cada cuatro horas durante dos días y luego dos días más cada 6 horas. En ese punto el doctor nos dijo, con ese aire canchero del que ha visto el caso miles de veces “si te hubiera dado sólo jarabe, en la noche hubieras terminado aquí en emergencia. Con el nebulizador, estará bien para el lunes. Vienen a verme para ver cómo sigue”.
Volvimos a casa mi suegra yo, cerca de las 3 de la tarde. Aliviado, no solo porque Marcela está mucho mejor ahora que está con la nebulización, sino porque mi suegra ha demostrado ser muy oportuna, además de que siempre fue muy cuidadosa.
Tags: asma, bronquitis, congestion, nebulizacion, respiracion, sintomas


hola buscando en internet sobre las nebulizaciones me encontre con tu commet, muy oportuno las nebulizaciones, tengo una nena de 3 años y aun recuerdo cuando la nebulizaron, ahora mi ahijadito esta enfermo y le han mandado nebulizaciones cada 4 horas con solucion salina. bueno espero que tu nena este bien saludos!
[...] pensé que nunca volvería a pasar por ese tema, pero parece que esta no será la última (ojalá sea la penúltima). La diferencia enorme es que [...]