Mi tercer día de pelear con el Seguro Social fue particularmente extraño. Llegué preparado cualquier cosa: copias suficientes de todo lo que se me ocurrió, documentos originales, música para esperar, bien comido, etc.
Lo más importante fue que mandé a hacer un sello. Cuando en la oficina pregunté por un sello con las características específicas, se rieron – no demí, sino conmigo -, porque en estas épocas de grandes desarrollos tecnológicos, el Seguro vive en la edad de piedra. Peor que en la edad de piedra, porque en esa época eran felices con su ignorancia y se las arreglaban bien, pero aquí ahora, donde todas las empresas apuntan a hacer la vida más cómoda, ellos siguen poniéndose trabas, no evolucionan.

Así que me fui al Seguro, confiando en que sería la tercera, más no la última visita. Caminé de frente al sótano, y seguí derecho a la oficina que me correspondía. Esta vez no encontré a ninguno de los dos que me había atendido anteriormente. Me mandaron a una ventanilla, por suerte a la espera de una sola persona a la que ya atendían. Mientras esperaba, llegó una adulta mayor, una señora bastante mayor con un séquito de 3 o 4 personas (hace más de una semana que fui, así que no recuerdo muy el dato). En primera instancia me dije: “bueno, que la señora pase y luego iré yo. Ojalá no sea como cuando voy al banco, que luego entra un montón de gente con “acceso rápido” y yo termino esperando más de una hora”. Pero no, la señora de la ventanilla me llamó a mí, mientras que a la “adulto mayor” la atendían en la ventanilla de al lado, acompañada por uno de su séquito.
La señora que me atendió revisó todos los papeles sin emitir comentario. Eso me preocupó: que no pida nada, que no diga que algo está mal. Que no me haga regresar otro día. No es lo que esperaba. La señora revisaba mis papeles, mis copias, mis documentos sin decir nada. Pero no era sería, sino que se abstraía viendo las letras, tecleando algo en la computadora, y comparando papeles. Como tenía buen talante, se me ocurrió preguntarle por el sello que me obligó a hacer el tinterillo del escritorio: “¡pues… claro que tiene que ser el sello así. Es lo que nosotros usamos para comparar los documentos!”.
A partir de ahí escuché una apología a la trascendencia de los sellos en el Seguro que me condujo por caminos nunca antes imaginados. La escuchaba anonado, la mujer mostraba una pasión por su sello como no había visto antes. me mostró su sello, con su nombre y la fecha cambiable, mientras me decía lo importante que era para ella tenerlo, no porque le diera autoridad, sino porque la definía. Entre toda la maraña de trabajadores en el Seguro, ese sello era su identificación, como lo es el DNI en la calle. Como queriendo ver a donde llegaba, añadí: “¿y si se lo roban?”. La respuesta fue contundente. “Si me lo roban, tengo que sentar denuncia en la comisaría. Con esa denuncia, voy donde mi jefe y le digo que necesito un sello nuevo, y mi jefe se encargará de conseguirlo”. Diablos: me imagino la cara del policía registrando el robo de un sello.
No quiero bromear más con esto del sello, porque la señora se lo tomaba muy en serio y tendrá sus razones. Al final, me recibió todos los papeles, me informó que en unos días más podría cobrar la lactancia (no yo, sino mi esposa) y no habría necesidad de volver a hacer esos tediosos trámites otra vez (aunque la siguiente vez ya no lo serían tanto, porque ya conozco el proceso), y podría seguir con mi vida.
Pero, como es obvio, no podía faltar el comentario final, que me recordaría que estoy en una institución del Estado y que su misión no es lo que parece – ayudar – sino complicarle la vida a otros: “si hay algún dato mal llenado, no podrá cobrarlo. Entonces tendrá que hacer el trámite de nuevo”. No hay mejor forma de quitarle la sonrisa a alguien que amenazarlo con encontrar algún error. Sólo me faltan unos días para descubrir si encontraron algo mal en mis documentos: el tipo de letra, me salí de los bordes, o algo así. Faltan unos días para cerrar un trámite que tan simple que solo duró un mes y medio.


Axel yo tambien estoy en esas del seguro y esta es la tercera vez que voy. la primera vez que me mandaron me dijeron en el otro seguro que atendian hasta las 5pm fui a las 4 y no me recibieron la segunda vez no habia sistema, la tercera vez fue la firma y sello y ahora que es la 4ta vez, me dicen recien despues de preguntar todas las anteriores ocasiones si algo mas necesitaba, me informan que tenia que traer el ticket del DNI cuando en un inicio me dijeron que solo se necesitaba la partida, que cara habre puesto al que me recepcionó que como me queje me selló un papel y me dijo que el lunes segun él llevando el ticket no sólo voy a inscribir a mi hijita sino que haré el tramite de lactancia el mismo día que al inscribirla ya no es necesario esperar el DNI fisico que todavia lo tengo que recoger en 2 semanas. Vaya el seguro que Seguro!
Ayda: Te cuento que yo también fui con el ticket de que estaba haciendo el trámite para sacar el DNI de Marcela, y cuando llegué al primer burócrata, me dijo que eso ya no se podía hacer, que tenia que llevar el DNI.
Por otro lado, te dan un tiempo de hasta 7 meses después de que nace el bebe para que hagas el trámite, así que ya sabes…
Es una completa barbaridad lo que pasa, parece que se complacen en hacer los tramites lo mas largo posible e imposibilitar el acceso de la gente a este beneficio, realmente es triste. por eso es Burocracia, de buro en buro, se te va el tiempo y la paciencia+
[...] para película sirve esta parte final de mi pelea con el Seguro. Después de ir varias veces al Seguro a cobrar la lactancia que por ley tienen que darnos, el documento – esa copia a [...]
[...] “sí, pero la señora que me atendió está en ESA ventanilla”, señalando a “la mujer que amaba su sello“. No hubo caso: el vigilante me obligó a ir al [...]