Es el primer día de la madre que tengo en que celebro de manera diferente. Obvio, porque soy padre. Y hay una madre a mi lado. Antes era más fácil porque sólo estaba mi madre y la esposa de mi hermano, entonces nos arreglábamos saliendo a comer o con alguna de mis hermanas que cocinaba especialmente para ese día, un par de botellas de vino y a dormir (eso porque el trabajo no se detiene, hay que sacar el programa sí o sí).
En cuanto a regalos la cosa era más simple todavía, mis hermanas decidían el regalo, lo escogían, buscaban precio, y después me decían: “cuesta tanto, somos tantos, divide y pon tu parte”. El regalo tenía el nombre de los cuatro hermanos, así que todo andaba bien.

Ahora sí estoy en problemas. Ayer conversaba con Anita mientras esperábamos la hora de darle su biberón a Marcela, y salió a relucir el tema. La conversación fue más o menos así:
- Ya se viene el día de la madre.
- ¿Qué quieres que te regale?
- Mi amor, no tenemos plata ahorita, mejor no hay que gastar…
- Mi amor, la plata va a viene, ¿qué te gustaría que te regale?
- Nada, mi amor. No quiero nada, no te preocupes…
- Si quieres, envuelvo a la bebe en papel regalo y le pongo su lacito rojo encima, y te despierto con ese regalazo. Es lo que más quieres…
- Jaaaaaaaaaaaaaaaa, jajajaj
- De verdad, mi amor, además es tu primer día de la madre, algo hay que quieras y pueda regalarte
En ese momento, la conversación la tenía yo controlada, sabía a donde quería llegar: que me dé una pista de qué regalarle, alguna señal, algún indicio, que mirara hacia algún lado pensando hasta que escogiera un regalo.
Era cuestión de pulsear, un poco de tira y afloja, y el regalo estaba hecho.
- Ya sé qué quiero, mi amor – me dice.
- Dime, “amochito”, para regalartelo. (La satisfacción por la estratagema empleada me hacía sonreír, con cara de ganador)
- Quiero un “detallito”
- Este… mi amor… ¿qué detallito quieres?
- No sé, cualquier cosa, un “detallito”
En esas 3 últimas frases toda mi expresión cambió: no podía poner cara de ganador si no sabía que era un “detallito”. Mi lado cavernícola se hizo presente, me empezaron a crecer pelos en pecho y espaldad, me empecé a encorvar, y mi ropa se transformó en pieles de algún animal extinto.
- ¿Qué es un detallito para ti, mi amor?
- No sé cualquier cosa…
Empecé a evolucionar a miles de años por segundo. Ya sé que no podrían ser aretes, ni pulseras, ni collares; tampoco podría ser ropa o zapatos. Esos son regalos, no detallitos. Sigo evolucionando. Sé que no es llevarla a comer (además no tenemos plata para gastar en eso). Sigo evolucionando. Estoy en mi infancia, cuando a mi mamá le construí un estante con unas maderas astilladas que sobraron de alguna construcción y la pinté de verde agua con pintura que sobró de algún otro lado, y era un estante tan endeble que no podías ponerle un cuaderno sin que se meciera como barco en tormenta. No. ¿Manualidades? Dudo mucho. Tiene que haber otro detalle. Rosas. ¡¡¡Yala!!!.
He buscado en la red por un rato, y todos coinciden en que los detalles se regalan ¿Y los regalos? También. Según eso, los detalles son igual que los regalos. Podría comprar cualquier cosa, ¿pero cómo voy a saber si es un regalo o un detalle? Las pocas veces que he regalado algo, han tenido un feeling bastante especial, así que no sé si entran en categoría de detalles.
El “detalle”, creo, no debería ser comprado. Pero si intentó hacer algo voy a desnudar mis peores vergüenzas: incapacidad para amarrarme los pasadores o hacerme un nudo de corbata, así que manualidades fuera. ¿Escribirle una canción? Muy poco tiempo y estoy bastante oxidado, además la guitarra no tiene cuerdas. ¿Cocinar? Sólo se cocinar pal diario y me falta “oficio” para adornar un plato.
¿Qué le regalo?´Me queda una semana. Acepto sugerencias.

