Un fin de semana que empieza como cualquier otro: nos levantamos temprano el sábado y nos vamos a ver a mis suegros. Como siempre, el viernes por la noche, antes de dormir, decimos: “hay que levantarnos temprano, para llegar antes de las 10 u 11 de la mañana y volvemos temprano, a eso de las 5 o 5, antes de que anochezca”, y como siempre, terminamos despiertos cerca de las 9 de la mañana, y mientras nos turnamos para arreglarnos y cuidar a Marcela, dan las 10, 11 de la mañana, entonces siempre terminamos llegando a la casa de mis suegros golpe de 12 o 12 y media.

Nos reciben saltando en una pata, chochos como buenos abuelos, y mi cuñada lista para cargar a la bebe, que llega medio dormida, así que de frente a la cunita que hemos armado (”hemos” es un decir, porque la armaron Anita y mi suegro) en el cuarto de mis suegros.

oscar_y_marcela
Mi suegro cargando a su nieta

La mañana transcurre tranquila, conversando en la sala con mi suegro, viendo algo de fútbol. Almorzamos (mi suegra cocina rico, eso sí, aunque no usa aceite, entonces como que sin grasa no resbala XD). Y seguimos con la sobremesa, como cualquier fin de semana, y la bebe comenzó a llorar. Y lloraba, y lloraba, y la cargamos, y le dimos su leche, y la bebe seguía llorando. Mi cuñada consiguió que se durmiera un rato, pero la bebe se despertaba llorando. No es tan fácil como decir, la bebe llora, hay que resolver eso. No es tan fácil, porque no es una licuadora que no prende, o algo que se arregle con un reseteo. Primero empezamos a creer que era el hambre, luego el sueño, el frío (mis suegros viven en Magdalena, cerca al mar).

Ya nos empezamos a preocupar a eso de las 5 y media de la tarde, porque lloraba demasiado. Llamamos a nuestro pediatra, que justo en ese momento, estaba bajando de su consultorio a atender una emergencia pediátrica, así que luego de descartar con un par de preguntas si estábamos frente a una real emergencia o no, nos pidió que lo volviéramos a llamar 1 hora después. Pasada la hora, volví a llamarlo y el estaba atendiendo a alguien. así que en una breve conversación nos pidió que hiciéramos un análisis a ver de qué se trataba.

El examen era una “reacción de infección de heces”. Simple: ver a través de la caquita de Marcela, ver si no tenía alguna infección. Fuimos a la clínica con el pañal en mano. La prueba demora un par de horas. Demora dos horas sí y sólo sí la muestra que se lleva es apta para el análisis. Y en este caso no lo era: el pañal se había absorbido toda la muestra para el laboratorio.

Así que volver a casas (ya no pudimos volver a donde mis suegros), darle su leche a la bebe, y esperar a que “produzca” su muestra. Nueve y media y recién tenemos la muestra, así que salir apurado – esta vez yo sólo, ya sin necesidad de llevar a Marcela a la clínica – y Anita en casa, cuidándola.

Ir a la clínica (sólo corre en IE), entregar la muestra, esperar los resultados: 11 y media de la noche. Resultado: nada.Sin infección. Limpia, limpita.

Regresar a casa, pensando qué puede ser lo que le pasa, y Anita me llama para decirle que al biberón le añadió unas gotas de gaseovet. La bebe pudo dormir cómoda, y Anita con ella. Al parecer sólo fue una indigestión, y debe ser porque en estas dos semanas, Marcela pasó de la onza y media de leche, a las 3 onzas y media, así, ligerito. Si la ecuación fuera constante, en agosto estaría tomando algunos litros.

Lo importante es que ahora ya sabemos una cosa más: que preocuparse es la mejor manera de enterarse, que Marcelita sólo nos asustó un poco y que de ahora en adelante estaremos más atentos a las señales. Después de todo, los deberes y derechos de Marcela son los mismos todavía: comer, dormir y hacer caca: ahí está la respuesta.

Leave a Reply

You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>