Los preparativos van despacio. El bebé se espera para febrero, pero hay pequeñas cosas que le van dando forma a la casa: pintura nueva, acomodar los muebles, etc.

Hace unas semanas estuvo por Lima mi tía importada – había venido exclusivamente al matrimonio religioso, y se iba al día siguiente – y para sorpresa de ambos, nos dejó la primera ropita del bebe: amarilla, porque todavía no sabemos si es hombre o mujer, pero por sobre todo dejó algo más curioso: es la primera vez que nos regalan algo que tiene que ver directa y exclusivamente con el bebe. A mí, particularmente, me dejó una expresión de esas que están empezando a ser frecuentes en mí, pero única y exclusivamente cuando estoy con Anita y hablamos del bebe: cara de “que todo cambia para mejor”.

cuna

Ahora vino Mónica: nos regaló una cuna. De madera, no como las de ahora, que son de plástico. Es de esas cunas de madera que – además – son de color madera. Pesa que da miedo. Yo que no soy de hacer ejercicio los domingos (ni el resto de la semana, y en eso soy muy constante) tuve que pasarle la voz a “manotas” para poder cargar la cuna.

Nos tocó hacer ejercicio, y eso que solo eran dos cuadras y cinco pisos. Pero, por primera vez, la casa empieza a quedar chica. La cuna todavía no tiene su espacio en el cuarto (tengo que sacar la computadora) y arrimar nuestra cama para armar la cuna. Mientras tanto, está desarmada en la sala, detrás de la mesa del comedor.

Como dice mi suegro: “el bebe no llega con pajo el brazo, sino con todo un buffet”.

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