Hace poco menos de dos meses me enteré de que iba a ser padre. Es extraño lo que pasó por mi cabeza en ese momento, así que intento darle un poco de orden a la historia para compartirlo.

Con Anita ya habíamos hablado de tener un hijo, y habíamos hablado mucho sobre el momento en que deberíamos “intentar” tener un hijo. Lo habíamos conversado desde diciembre o noviembre, así que cuando el calendario se llenó de junio, supe que esos meses habían pasado tan rápido que solo Anita (voy a pedirle permiso para poner su avatar Simpson por aquí) se dio cuenta.  La sensación de que ahora no sólo era “descuidarnos” sino además querer/tener/hacer/buscar un hijo era extraña.

Me resultaba extraña (no incómoda, para nada) porque inmediatamente la alegría daba paso a los temores, a los pequeños miedos innecesarios de cosas que sucederán cuando cumpla doce o trece años. O cuando tenga que levantarme a mitad de la noche por escuchar su llanto. Y junto con eso las explicaciones de por qué no podrá salir a jugar de noche, de cómo funciona algún aparato, de por qué hay que ir al colegio y aprender mucho.

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Eso ha sido hace dos meses. La alegría ha ido guardándose un poquito adentro, casi como que saca la nariz por las mañanas y me alimenta, me roba sonrisas, me hace olvidar el trajín de la oficina. Ahora la consigna es cuidar a la mamá, a Anita. A veces sólo estar con ella, a veces engreírla, a veces compartir mis sueños, porque cuando ella comparte los suyos creo que todas las cosas pueden mejorar. Y cuando la escucho sé que mis sueños, pequeñitos, cálidos, hechos con un poquito de ella y un poquito de mí, son pequeñitos porque lo que viene será lo más grande de este mundo.

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2 Responses to “Sueños pequeñitos que se hacen grandes”

  1. Luis Ramos dice:

    Mucho ánimo en el terrible y a la vez maravilloso empeño en que te has metido (en que se han metido Anita y tu), se puede decir que esto pasa todos los días, que todo el mundo tiene bebés y no hay nada original en ello, pero ¿por qué será que cada vez que ocurre es como si fuera único, extraordinario, fuera de lo normal para el padre que lo experimenta? Qué extraña situación la del hombre que está marcado para recorrer el mismo camino que hicieron sus padres, sus abuelos, y otros como él, acertando y equivocándose por igual, con tanta experiencia y conocimiento a cuestas pero al final sólo con sus manos y su corazón.

  2. Trackback dice:

    Comentario…

    [..]Articulo Indexado Correctamente[..]…

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